Juan
16:30 ¿a que se refiere la expresión todas las cosas en el discurso?
El contexto discursivo resulta determinante para la
comprensión de Juan 16:30. En los capítulos previos, y particularmente a lo
largo del discurso de despedida (Jn 13–16), Jesús emplea reiteradamente el
deíctico ταῦτα (cosas) como marcador anafórico que remite al conjunto de
enseñanzas que viene comunicando a sus discípulos (cf. Jn 16:1, 4, 12, entre
otros). Este uso señala no solo continuidad temática, sino también un proceso
pedagógico progresivo, en el cual el contenido revelado se va acumulando y
delimitando discursivamente.
Al llegar a Juan 16:30, los discípulos afirman que Jesús
“conoce todas las cosas” (πάντα). Sin embargo, el término πάντα
no funciona aquí como una afirmación abstracta o metafísica de conocimiento
exhaustivo, sino como un totalizador contextual cuyo alcance semántico
está determinado por el marco comunicativo inmediato. En este sentido, πάντα
resume y evalúa retrospectivamente el contenido de aquello que Jesús ha venido
diciendo dentro del discurso de despedida, es decir, la totalidad de las
enseñanzas previamente introducidas y señalizadas mediante ταῦτα.
Este uso relativo y funcional de πάντα es coherente
con otros pasajes del cuarto evangelio, donde el término opera como un
totalizador delimitado por su contexto narrativo y teológico. Así, en Juan 1:3
(“todas las cosas llegaron a existir por medio de él”), πάντα se define
por el marco de la creación; en Juan 3:35 (“el Padre ha puesto todas las cosas
en su mano”), el término se circunscribe al ámbito de la autoridad conferida; y
en Juan 13:3 (“sabiendo Jesús que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos”),
πάντα se inscribe dentro del escenario narrativo de la misión y el
retorno al Padre. En ninguno de estos casos el totalizador funciona de manera
ilimitada o abstracta, sino siempre en relación con un dominio conceptual
específico.
Desde una perspectiva de cristianismo primitivo y análisis
narrativo, la afirmación de los discípulos en Juan 16:30 refleja su percepción
de que Jesús ha respondido plenamente a sus inquietudes y ha revelado todo lo
que, en ese momento, consideran relevante dentro del horizonte discursivo del
relato. Esta evaluación, sin embargo, permanece interna a la narración y no
constituye una afirmación ontológica sobre la omnisciencia de Jesús. De hecho,
el mismo evangelio matiza inmediatamente esta percepción al introducir la
declaración de Jesús en Juan 16:12, donde se reconoce explícitamente la
limitación cognitiva de los discípulos y la naturaleza progresiva de la
revelación.