HIPÓLITO
DE ROMA Y LA IDENTIDAD DEL ANGEL EN DANIEL 3
“2.31.4. Y como dice la Escritura: «El ángel de Dios
descendió al horno con los que estaban alrededor de Azarías, y sacudió la llama
del fuego del horno e hizo que el centro del horno fuera como una brisa de
rocío que silba, y todo el fuego no los chamuscó ni los afligió ni los turbó».
2.32.1. Por tanto, es necesario descubrir: quién era este
ángel que se reveló en el horno y que preservó a los muchachos como a sus
propios hijos bajo sus brazos que los envolvían, y para los que estaban en
medio [del horno] convirtió el fuego en rocío acuoso, pero para los de afuera
asignó su propia norma de juicio, como está escrito: «Con la medida con que
midan, se les medirá».284
2.32.2. No se engañen, no era ninguna otra persona, sino
el mismo que juzgó a los egipcios con agua. En pago a que ellos, en aquel
tiempo, arrojaron al río a los varones recién nacidos de los hebreos, ellos de
la misma manera fueron destruidos en el mar, al ser sumergidos justamente en el
agua, para que una retribución equilibrada sea dada a los que practican la
maldad.
2.32.3. Este era el que recibió del Padre la autoridad
del juicio; el que también hizo llover fuego y azufre sobre los sodomitas, y
los destruyó a causa de su iniquidad e impiedad malvada.
2.32.4. Y Ezequiel concuerda en que este es el que recibió y
tomó posesión del fuego en su mano, y espera la voz del Padre, cuando le mande
arrojarlo sobre la tierra.288
2.32.5. Cuando el fuego vio a este, tuvo miedo y, al ver su
luz eclipsada, tembló.
2.32.6. Acerca de este, Isaías dice: «Y su nombre será
llamado Ángel del Gran Consejo».
2.32.7. Pues la Escritura también confiesa que este es un
ángel de Dios. Porque fue él mismo quien nos comunicó los misterios del Padre.
2.32.8. Este descendió al horno con los que estaban junto a
Azarías.
2.32.9. El fuego, al ver a este ángel, reconoció a su señor
y, lleno de miedo, huyó fuera del horno, y por causa de esto salió cuarenta y
nueve codos. Pues, habiendo sido expulsado desde dentro, brotó hacia afuera, y
el centro del horno se volvió como un rocío delicado, que silbaba como un
viento, el cual no poseía en absoluto la fragancia del fuego dentro [del
horno].
2.32.10. Porque el ángel, que estaba de pie en el horno,
expulsó la llama desde dentro hacia afuera y, después de expulsarla, la
dispersó en círculo alrededor del horno [en un radio de] cuarenta y nueve
codos.
2.33.1. Entonces Nabucodonosor, al ver lo que había
sucedido, quedó asombrado y se levantó de prisa, y oyó sus himnos y dijo a sus
nobles: «¿No arrojamos tres hombres atados en medio del fuego?». Y ellos
dijeron: «Verdaderamente, oh rey». Él respondió y dijo: «He aquí que yo veo a
cuatro hombres que hablan y caminan en medio del fuego, y no hay destrucción en
ellos, y la apariencia del cuarto es como la de un hijo de Dios».
2.33.2. Dime, Nabucodonosor, ¿Cuándo viste al Hijo de Dios,
para que confesaras que este era un hijo de Dios? ¿Quién te punzó el corazón
para que pronunciaras claramente tal palabra? ¿Con qué clase de ojos pudiste
ver su luz?
2.33.3. ¿Y por qué esto te fue mostrado solo a ti y a
ninguno de los otros sátrapas? Es porque está dicho: «El corazón del rey está
en la mano de Dios».
2.33.4. La mano de Dios misma, aquello mismo que era la Palabra
(Verbo), punzó el corazón del rey, para que, cuando reconociera a este en el
horno, lo glorificara.
2.33.5. Y esto no debe ser entendido por nosotros de manera
vana. Porque cuando los hijos de Israel, al ver al Hijo de Dios en el mundo,
estaban destinados a no creer, la Escritura demostró que las naciones estaban
destinadas a reconocerlo en la carne, cuando mucho tiempo antes Nabucodonosor,
viéndolo no según la carne, lo observó en el horno y lo confesó como un hijo de
Dios.
2.34.1. «Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del
horno en llamas y dijo: “Sadrac, Mesac y Abednego, siervos del Dios Altísimo,
salgan y vengan acá”.»
2.34.2. Pues, como él mismo no podía entrar en el horno, los
llamó para que salieran.
2.34.3. Y llamó por nombre a los tres, pero no pudo
declarar el nombre del cuarto. Porque Jesús aún no había nacido de la virgen.
2.34.4. Y los sátrapas, capitanes, gobernadores y príncipes
del rey se reunieron y vieron a los hombres, que el fuego no había tenido
dominio sobre sus cuerpos, y el cabello de sus cabezas no se había quemado, y
sus mantos no se habían deteriorado, y el olor del fuego no estaba en ellos.
2.35.1. Pero alguien probablemente dirá: «Y entonces, ¿por
qué Dios rescató a los mártires en tiempos antiguos, pero ahora no los rescata
así?
2.35.2. Porque dos veces encontramos que el bienaventurado
Daniel, habiendo sido arrojado al foso de los leones, no fue destruido por las
bestias, y que los tres muchachos en el horno no fueron dañados por el fuego».”
Hippolytus
of Rome : Commentary on Daniel and 'Chronicon', Schmidt, Thomas C. Gorgias
Press, LLC, Gorgias Studies in Early Christianity and Patristics, 1. Auflage,
digitale Originalausgabe, Piscataway, 2017
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