BRIAN
E. DALEY SOBRE LA SITUACIÓN DE LA CRISTOLOGÍA EN LA ACTUALIDAD
“De hecho,
durante el último siglo, la cristología ha pasado de ser un tema teológico que
parecía seguro y poco controvertido a convertirse en un área de intensa
controversia e incertidumbre. Todavía en 1954, el teólogo católico Karl Rahner
observaba que, al menos para los teólogos de su propia tradición, se entendía
que la cristología era una de aquellas áreas en las que todos los problemas
posibles habían sido resueltos mediante la densa y paradójica fórmula dogmática
del Concilio de Calcedonia (451), que afirmaba que «uno y el mismo Señor
Jesucristo, el Hijo unigénito, debe ser reconocido en dos naturalezas, sin
confusión ni cambio, sin división ni separación» (Neuner y Dupuis 1981: 154,
n.º 615). A juicio de Rahner, la complacencia cristológica de los pensadores
católicos modernos revelaba una sorprendente falta de conciencia respecto de
las implicaciones de largo alcance que incluso el propio lenguaje de Calcedonia
tenía, así como un fracaso en continuar «adquiriendo de nuevo», a un nivel más
profundo de conciencia contemplativa, una comprensión intelectual de la visión
de Jesús que la comunidad de fe ya posee (Rahner 1954, trad. 1961: 152–53).
Fue
precisamente el descubrimiento de la necesidad de recuperar el contenido y el
significado de la cristología clásica, al parecer, lo que condujo, a mediados
del siglo XX, a cuestionar algunos aspectos de aquello que la mayoría de los
creyentes consideraba que había quedado establecido permanentemente por la
fórmula calcedoniana. La irrupción de la conciencia histórica moderna —es
decir, la conciencia de la influencia relativizadora que el contexto ejerce
sobre las ideas, junto con la percepción de que todas las teorías y dogmas
están vinculados al lenguaje y a los supuestos propios de un tiempo y lugar
determinados— en la comprensión de la doctrina cristiana y de las Escrituras
condujo, durante los siglos XIX y XX, a una creciente toma de conciencia, primero
entre los protestantes «liberales», pero finalmente también en ramas más
tradicionales de la teología reformada, anglicana y católica, de que, si Jesús
es, como proclama Calcedonia, «completo en divinidad y completo en humanidad,
plenamente Dios y plenamente ser humano», entonces algunos aspectos del retrato
de Jesús que tradicionalmente había trazado el dogma cristiano necesitaban ser
seriamente cuestionados…
En contraste
con esta tendencia, la investigación bíblica moderna, con su énfasis en el
contexto histórico y en el desarrollo, había impulsado a los teólogos a
emprender un nuevo acercamiento a la historicidad de la humanidad de Jesús,
aspecto que, al menos en teoría, había sido enfatizado por el dogma
calcedoniano. Aunque la teología católica romana, en su forma oficialmente
patrocinada, inicialmente se resistió a introducir un pensamiento condicionado
históricamente en la interpretación bíblica y en la comprensión del dogma
durante la controversia modernista, para mediados del siglo XX su perspectiva
había comenzado a cambiar radicalmente. Una insatisfacción gradual con el
carácter deductivo y peculiarmente racionalista de los manuales teológicos
escolásticos utilizados en la enseñanza de los seminarios llevó a prestar una
nueva atención a las fuentes patrísticas y medievales de la tradición
teológica, así como a su crecimiento orgánico, aunque impredecible. En lo que
llegó a conocerse como el ressourcement (retorno a las fuentes) de la
teología católica, se otorgó un énfasis primordial al contexto y a la
percepción de un desarrollo coherente (Daley 2005a).”
CHRISTOLOGY IN EARLY CHRISTIANITY Collected Essays, Brian
E. Daley, SJ, 2025, ed. Wm.
B. Eerdmans Publishing Co.
"Christology, in fact, has moved in the last century
from being a theological topic which seemed safe and uncontroversial to an area
of bitter controversy and uncertainty. As late as 1954, the Catholic theologian
Karl Rahner observed that for theologians of his tradition, at least,
Christology was understood to be one of those areas in which all possible
problems had been solved by the dense and paradoxical dogmatic formula of the
Council of Chalcedon (451), which asserted that “one and the same Lord Jesus Christ,
the only begotten Son, must be acknowledged in two natures, without confusion
or change, without division or separation” (Neuner and Dupuis 1981: 154, no.
615). In Rahner’s view, the Christological complacency of modern Catholic
thinkers suggested a surprising unawareness of the far‐reaching implications of
even the language of Chalcedon itself, and a failure to keep “acquiring anew,”
at a deeper level of contemplative awareness, an intellectual grasp of the
vision of Jesus that the community of faith already possesses (Rahner 1954,
trans. 1961: 152–53).
It was precisely the discovery of the need to
repossess the content and meaning of classical Christology, it seems, that led,
in the middle of the twentieth century, to a questioning of some aspects of
what most believers thought had been settled permanently by the Chalcedonian
formula. The intrusion of modern historical consciousness—an awareness of the
relativizing influence of context on ideas, a sense that all theories and
dogmas are bound to the language and assumptions of a particular time and place—on
the understanding of Christian doctrine and Scripture, has led, in the
nineteenth and twentieth centuries, to the growing realization, first among
“liberal” Protestants but eventually in more traditional branches of Reformed,
Anglican, and Catholic theology, that if Jesus is, as Chalcedon proclaims,
“complete in divinity and complete in humanity, fully God and fully a human
being,” then some aspects of the portrait of Jesus traditionally drawn by
Christian dogma needed to be seriously questioned…
In contrast to this tendency, modern scriptural
scholarship, with its emphasis on historical setting and development, had
prompted a new engagement on the part of theologians with the historicity of
the humanity of Jesus emphasized, in theory at least, by the Chalcedonian
dogma. Although Roman Catholic theology, in its officially sponsored form,
initially resisted the introduction of historically conditioned thinking to
biblical interpretation and the understanding of dogma during the Modernist
controversy, by the middle of the twentieth century its perspective had begun
to change radically. A gradual dissatisfaction with the deductive, curiously
rationalistic character of the scholastic theological manuals used in seminary
instruction drew new attention to the patristic and medieval sources of the
theological tradition, and to its organic but unpredictable growth. In what
came to be known as the ressourcement of Catholic theology,
context and a sense of coherent development were given primary emphasis (Daley
2005a)."